miércoles, 31 de julio de 2019

ÍNGRID GUZMÁN y el mágico mundo de la FOTOGRAFÍA


Por: Oscar Fajardo Gil, 
Cronista de la Ciudad de Amatitlán

"Lo principal en la fotografía es la buena comunicación con la persona que vamos a fotografíar, haciéndola sentir cómoda y en confianza, ver más allá para resaltar los rasgos particulares o distintivos de cada persona”.



Emprendedora, creativa, servicial, y perseverante, Íngrid Guzmán es una mujer que se ha ganado a pulso un lugar como fotógrafa en un oficio que, hasta no hace mucho tiempo, había sido patrimonio exclusivo de los hombres.



Íngrid Carlota Guzmán Reyes, nació el 29 de diciembre de 1974, siendo sus padres Isaías Guzmán Díaz y Carmen Leticia Reyes. Estudió la primaria en la Escuela “José Augusto Reynosa Orellana” en el Barrio San Lorenzo, el nivel básico lo cursó en el INEBA y Col. Medalla Milagrosa, Diversificado en Liceo Mixto San Juan, en donde se graduó de Secretaria Comercial, después inició estudios de Ciencias de la Comunicación en la USAC.



Hizo sus prácticas de nivel diversificado en Foster Parents Plan, en donde surgió la oportunidad de quedarse trabajando como Supervisora de Encuestadores, teniendo a su cargo 40-50 personas que tomaban las fotografías en blanco y negro de los beneficiarios.


Por entonces conoció una persona que trabajaba en un laboratorio fotográfico de Fuji Film y manifestó su interés por desarrollarse en aquel ambiente. Pocos días después se le abrieron las puertas de dicha empresa, en 1992, en donde trabajó por espacio de 19 años, hasta llegar a ser Gerente de Tienda, puesto con el que se hizo cargo de la agencia en Amatitlán en el que se desempeñó durante una década (2001-2011).


Íngrid Guzmán, conocida popularmente como “China” o “Chinita”, recuerda que, anteriormente en los mejores tiempos, Fuji Amatitlán llegaba a revelar 125-135 rollos diarios, además de realizar otros trabajos. Con el cambio a tecnología digital hubo una baja considerable en aquel negocio, al extremo que había días en que solo se hacían tres impresiones diarias. A pesar de algunas alianzas estratégicas y reingeniería de operaciones, fue necesario buscar nuevos horizontes.


A los once años de edad Íngrid recibió su primera cámara fotográfica, obsequio de su mamá luego de un viaje desde Estados Unidos. “Me gustaba tomar fotos, pero como no tenía paga comprar los rollos, tomaba fotos solo con flash. Mis amigas, vecinas y compañeros de estudio, posaban y se sentían realizadas porque les tomaba foto solo con flash”.


Con el paso del tiempo pudo comprar una cámara de segunda mano al fotógrafo Ricardo Andrade, quien le dio facilidades de pago. Así empezó a explorar la fotografía tradicional, con el sistema automático y además el manual. “Yo quería ir más allá, porque necesitaba saber para que servía cada botón de la cámara. El compañero Juvencio Valdéz me dio algunos buenos consejos sobre el control manual del equipo fotográfico. Después se presentó la oportunidad de conocer más en Fuji y participé en cursos de impartidos por el Club Fotográfico de Guatemala, siendo el recordado Juanito Menéndez un de sus primeros instructores, después fue alumna incluso de algunos fotógrafos extranjeros”.



Cuando decidió dedicarse profesionalmente a la fotografía, especialmente social, prácticamente solo lo hacían hombres. Pero el hecho de ser mujer le ayudó a ganarse la confianza, especialmente de cumpleañeras, quinceañeras, y novias en las bodas, cuando les hacía posar para obtener mejores imágenes. También empezó a darle cobertura a certámenes de belleza, campo en el que también cosechó buenos comentarios. Poco a poco, logró hacer una clientela propia, gracias a su  buen trabajo. 



Sobre sus preferencias personales dice: "Me gusta hacer fotografías de los amaneceres en el lago, fotos de bebés y de niños en general, así como de grupos familiares".



Con 25 años de experiencia, Íngrid sabe que la fotografía es una forma de comunicación que trasciende el tiempo y el espacio. Es un lenguaje universal. "He viajado mucho al área rural y he visto las necesidades de las personas, esas fotografías me han sensibilizado mucho. Las fotos transmiten sentimientos que no siempre se pueden explicar con palabras. Me gusta hacer fotografías de los amaneceres en el lago, la ternura de los niños jugando, y los grupos familiares"



Al preguntarle sobre su peor experiencia como fotógrafa cuenta que fue cuando le tocó tomar algunas fotos de una manifestación de vendedores del mercado, quienes la agredieron verbalmente y le reprocharon por su trabajo, además de hablar mal de ella. Ese trago amargo ya fue superado. Son gajes del oficio.


Íngrid Guzmán, "la Chinita", ve al horizonte, sonríe y suspira, satisfecha de lo que vive y comparte en el mágico mundo de la fotografía. Ella sabe que su mejor forma de hablar es a través de sus imágenes.


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