martes, 31 de diciembre de 2013

J. RAMIRO OCHOA GUTIÉRREZ - EJEMPLAR HOMBRE DE FAMILIA

En el hogar de don Federico Ochoa y doña Gregoria Gutiérrez, el 21 de diciembre de 1931 vino al mundo José Ramiro Ochoa Gutiérrez. (foto facilitada por Pablo Díaz, Gracias).

La familia Ochoa Gutiérrez, como muchas de las familias de Amatitlán de ese entonces, se dedicaba a las labores agrícolas que requerían los cultivos que tenían en un terreno que se encontraba entre los caminos que conducen a las aldeas Las Trojes y Agua de las Minas. Disfrutó de su infancia y juventud en divertidas jornadas en el río Michatoya. Estudió en la escuela práctica que luego pasaría a llamarse Rafael Iriarte. Aunque no llegó a ser asiduo practicante del fútbol si se convertiría, con el paso del tiempo, en aficionado de los rojos de Municipal.

Siendo patojo de 15 o 16 años se interesó por aprender el oficio de panificador o panadero, en la panadería La Buena Fé siendo sus maestros los hermanos Aragón. Después trabajó en la panadería La Reina, en el Barrio San Juan, y también en la panadería Los Charritos en Escuintla.

A finales de la década de 1950 estableció su hogar con Rosita Ardón Contreras convirtiéndose en padres de siete hijos: José Ramiro, Jorge Roberto, Gloria María, Enma Judith, Edgar Arturo, Hugo Rolando, y Carlota Aracely Ochoa Ardón.

Después de trabajar durante décadas para otras panaderías, estableció su propia panadería en el Barrio San Antonio, misma que se mantuvo vigente entre los años 1976 y 2001. Después trabajó durante algún tiempo como auxiliar en el Beneficio Michatoya, hasta que finalmente pudo jubilarse trabajando en el Liceo Mixto San Juan.

Don Ramiro fue un servidor constante y perseverante durante muchos años en la Parroquia San Juan Bautista, llegando a ser Ministro de la Comunión, servidor en el Ministerio de Bautismo, y miembro de la Hermandad del Señor Sepultado, la cual llegó a presidir. Era un buen conversador y conciliador por naturaleza, muy respetuoso de los demás. Por eso, siempre que podía era mediador en los problemas que surgían entre parejas de esposos, familias e incluso vecinos. Nunca impuso su opinión, sabía escuchar y compartía buenos consejos con todo aquel que lo permitía. Predicó con el ejemplo más que con la palabra, y no fueron pocos los convertidos en mejores padres, mejores esposos, mejores trabajadores, y mejores ciudadanos en general.

Celebró sus 82 años de vida el domingo 22 de diciembre con un almuerzo en el que disfrutó de la compañía de su numerosa familia. Un día después, el lunes 23, sufrió un derrame cerebral en su casa por lo que debió ser trasladado al Hospital Nacional. A pesar de los esfuerzos médicos, dejó de existir en la madrugada del domingo 29 de diciembre. Numerosas fueron las personas, de todos los Barrios, algunas aldeas, y diferentes condiciones, las que llegaron para expresar sus condolencias y muestras de pesar a su distinguida familia. Recibió cristiana sepultura el lunes 30 de diciembre de 2013. Descanse en Paz.

Es lógico que haya tristeza y llanto ante su partida, pero también debe existir consuelo, fe y esperanza, porque por todas sus buenas obras su alma se encuentra gozando del Reino de los Cielos con Dios, Nuestro Señor. No existe la menor duda, dejó huellas imborrables de bondad en muchos corazones y familias amatitlanecas. Los hombres como don José Ramiro Ochoa Gutiérrez nacieron para vivir eternamente en el recuerdo de sus seres queridos y en todos aquellos que tuvimos el privilegio de conocerlos para compartir su luz de paz y su voz de ánimo. Gracias don Ramiro... hasta siempre!!!.

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