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domingo, 25 de noviembre de 2018

LA LUNADA se RENUEVA, gracias a la Casa de la Cultura "Domingo Estrada"


Por: Oscar Fajardo Gil[1]

Por principio de cuentas, para nuestros abuelos, una lunada era una reunión de amigos y conocidos en las noches de luna llena a la orilla del lago de Amatitlán. En las lunadas, se compartían gratos momentos alrededor de una fogata. Las charlas sobre asuntos de interés común, algunas leyendas sobre seres fantásticos, narraciones a cuales mejores, inspirados versos, chistes, chascarrillos, y por qué no decirlo uno que otro chisme, se fueron complementando con canciones acompañadas de música de guitarras para darle rienda suelta al romance y la conquista.


Para no ir tan lejos en el tiempo, entre las décadas de 1940 a 1960, cuando no había prácticamente ninguna de las formas actuales de recreación o entretenimiento, se convivía más con las demás personas y con la naturaleza. No habían, o era muy pocas, radioemisoras o canales de televisión; casi nadie tenía viejos y vetustos teléfonos de disco permanentemente unidos a las correspondientes líneas físicas, amén que no había opción a aparatos electrónicos. Entonces la comunicación tenía que ser más directa y personal.



Podríamos aferrarnos a la nostalgia, y decir que para que se conserve el concepto original debe cumplirse con ciertas normas, pero es que en realidad no hay ningún protocolo oficial. La organización corría por cuenta de la oportunidad, la creatividad y hasta cierto punto la improvisación, con la confianza que debe prevalecer entre amigos. De igual manera, si bien es cierto antes las lunadas se condimentaban con boleros y otros ritmos de antaño, tenemos que reconocer que aunque la luna y el lago siguen siendo los mismos, los jóvenes de ahora tienen su propia música y sus propios ritmos, han evolucionado.



El viernes 23 de noviembre 2018, organizada por la Casa de la Cultura “Domingo Estrada”, se celebró una interesante LUNADA en el extremo norte de la playa principal del lago, cerca del Centro Náutico de la Federación Nacional de Remo y Canotaje.

Luego de encenderse la fogata a un costado del área destinada para las presentaciones artísticas, José María Zamora García, como presentador de la lunada, dio la bienvenida a los concurrentes al filo de las siete de la noche. En nombre de la Casa de la Cultura, Alma Azucena Molina de Rodríguez – presidenta, se refirió a como surgió la iniciativa de organizar la lunada, agradeciendo la colaboración que se recibió de la Municipalidad, así como de personas particulares.

El Cronista de la Ciudad de Amatitlán, Óscar Fajardo Gil, fue invitado para que abordara los aspectos históricos y conceptuales de las lunadas amatitlanecas, según el programa en tres segmentos diferentes, para lo cual empleó una metodología participativa.

Después de lo anterior, fueron desfilando cantantes y músicos de acuerdo al orden en que se inscribieron, coordinación que estuvo a cargo de la estimada licenciada Sonia Ucelo Lezana.

La dama de la noche, LA LUNA, apareció intensa y esplendorosa desde el otro lado del cerro El Filón, conforme fue recibiendo la serenata que en su homenaje ofrecieron: Linicio Díaz, Javier González, Israel Gil, Dúo Estuardo Donis y Rodrigo García, Homero Díaz, Dúo Esteban y Alejandra, Anthony Pirir, Luna Negra, Grupo Nueva Generación, Julio Menéndez, Soledad Leiva, Mecho y Anita Tecún, finalmente Nancy González.

Casi dos centenares de personas disfrutaron entonces una interesante variedad de temas, entre los de antes y los de ahora, en donde prevaleció la participación de jóvenes talentosos y emprendedores, quienes le fueron dando como una nueva versión a la lunada. Si, hubo boleros unos cuantos, pero también hubo trova, balada, ritmos sudamericanos y caribeños y hasta algo de reggaetón. Fue algo mágico, como si ante nuestros ojos y oídos se materializara la metamorfosis de la lunada tradicional para convertirse en una nueva, como si surgiera entonces la lunada del nuevo siglo, la de los jóvenes de ahora que llegarán a ser los padres y abuelos de mañana.

Que bueno que llegó la familia Villalta Lemus, encabezada por Carlos Ernesto y su hermana Yoli, para proveer de deliciosas viandas: café, ponche de frutas, empanadas, panes con pollo y otros bocadillos chapines, a precios accesibles al bolsillo de todos. Otros líquidos espirituosos e inspiradores, blancos, amarillos y de otros colores, fueron apareciendo por cuenta de cada quien según libre albedrío.

Definitivamente, compartimos una experiencia fuera de serie, muy amena y por demás grata. Aún después de concluido el programa oficial de la CCDEA, hubo un grupo que dispuso pasar la frontera de las horas y llevar la lunada hasta el último sábado de noviembre, de una manera más grupal y menos formal, quizá coqueteando con la irreverencia, entre risas y sonrisas coloquiales y con canciones más populares pegados al rincón individual en donde cada quien las disfruta con particular pasión.

Muchas gracias y felicitaciones a los organizadores. Vayan pensando ya en la siguiente. (OFG)




[1] Cronista de la Ciudad de Amatitlán

lunes, 7 de mayo de 2018

Trío KINICH y Los VAGABUNDOS en 3ª LUNADA de la NUEVA ERA

Por: Óscar Fajardo Gil, Cronista de la Ciudad de Amatitlán

Por tercer año consecutivo, desde 2016, pudimos disfrutar de una LUNADA en la playa principal del lago de Amatitlán en el marco de la Tradicional y Bicentenaria Feria de la Cruz, recordando las noches de antaño cuando los amatitlanecos compartían versos, voces y guitarras románticas alrededor de una fogata bajo la luz de la luna.


Eran las siete y media de la noche, del viernes 04 de mayo 2018, cuando el Cronista de la Ciudad, Óscar Fajardo Gil, le dio la bienvenida a los asistentes y presentó al Concejal VII y Arq. Erick Ronaldo Suáez Reynoso, en representación de la Corporación Municipal 2016-2020, quien dirigió un saludo al público y agradeció a la Comisión Socio Cultural y colaboradores en general por hacer posible una velada tan llena de valor y significado histórico.


Procedente de Escuintla llegó el grupo Los Vagabundos, integrado por Sergio López en percusiones, Carlos García López en el bajo, Roderico Lozano en la trompeta y la cantante amatitlaneca Olimpia Carballo en la guitarra, fue el encargado de dar inicio a la convivencia musical con un repertorio que incluyó boleros como Perfidia, Sabor a mí, Piel canela, éxitos de Daniel Santos, y otros temas de las décadas de 1950 y 1960.


En el intermedio se disfrutó de la participación del venezolano Gregory Sánchez en el cuatro llanero y el maestro Francisco Linares acompañándolo con la guitarra, interpretando algunos joropos como Alma Llanera, Caballo Viejo y Mercedes (de Simón Díaz): "Esta canción habla de la amistad mal entendida, porque si somos amigos, somos en las buenas y en las malas. No es que vamos a ser amigos de aquí en adelante. Qué eso? Y entonces...?"


Los poemas "Si alguien llama a tu puerta", de Gabriel García Márquez, y "Hagamos un trato", de Mario Benedetti, fueron leídos por el Cronista de la Ciudad: "Es tan lindo saber que usted existe / uno se siente vivo / y cuando digo esto quiero decir contar / aunque sea hasta dos / aunque sea hasta cinco / no ya para que acuda / presurosa en mi auxilio / sino para saber / a ciecnia ciereta / que usted sabe que puede contar conmigo".


El trío alternativo Kinich, integrado por Geovanny Pocasangre "El Cadejo" en el requinto, Raisa Morales con una prodigiosa voz y guitarra, así como Erick Castillo en percusiones, interpretando boleros, jazz y swing, se supo ganar el aprecio del público que disfruto de una serie de exitosos temas en español e inglés. En su repertorio se pudo escuchar: "Lo dudo", "Te seguiré", "Gema", "No me quieras tanto", "Los dos", "Bésame mucho", "Reloj", "Usted", "Lágrimas negras", "Autum leaves", y otros que fueron muy del gusto de la concurrencia.


Como a las nueve de la noche, una extraordinaria luna roja se asomó por el horizonte, como brotando del lago mismo, y aunque no era llena sino menguante fue la invitada de honor que todos esperaban. Como si de radiantes estrellas se tratara, llegaron entonces las soberanas de belleza de la Tradicional y Bicentenaria Feria de la Cruz: Srita. Flor de Mayo Hillary Estrada Barillas, Srita. Primera Finalista Melanie Castillo Rivera, Srita. Deportes Estéfany Dayana Flores Paredes, Srita. Flor Silvestre Ana Escobar Gonzáles, Primera Finalista Lisveth Andrea Ovando Figueroa, acompañando a la Alcaldesa Municipal Mara Nihethe Marroquín Flores.


Conforme avanzó la noche y la inspiración era mayor en los corazones, se fueron sumando voces del público haciendo coro en los temas conocidos.

Olimpia Carballo interpretó su éxito de juventud "La bala perdida" y luego "Amatitlán Soñado" de Miguel Marroquín Godoy. Muy a su estilo y con dedicatoria especial a algunas damas que no pudieron o no quisieron llegar salió a relucir el éxito de Jenny Rivera "La gran señora": "Tenemos que hablar / de mujer a mujer / hay que dejar unas cosas en claro / aunque no te guste tienes que entender / lo que es mio es mio / y no voy a soltarlo".


Con nuestra amiga Rocío Leiva Pineda, cantaron "Espérame en el cielo", tema que hicieran famoso el Trío Los Panchos y el gran Lucho Gatica: "Espérame en el cielo corazón / si es que te vas primero / Espérame que pronto yo me iré / Ahí donde tu estés / Espérame en el cielo corazón / Si es que te vas primero / Espérame en el cielo corazón / Para empezar de nuevo".


Así entre canciones y guitarras, y algunos brindis por los viejos y los nuevos amores, terminó la lunada cuando recién empezaba el nuevo día. (OFG)

martes, 19 de abril de 2016

LAS LUNADAS DE AMATITLÁN

En las noches de plenilunio, las guitarras se daban cita con las estrellas y los luceros a la orilla del lago de Amatitlán.


Los recuerdos vuelan en alas de la imaginación, desde principios hasta mediados del siglo veinte. Tiempos aquellos de nuestros abuelos que disfrutaron de paz en abundancia como fértil campo para el idilio y el romance. Porque, desde siempre, los AMAtitlanecos amamos desde las tres primeras letras del gentilicio.

En la playa, la juventud hacía alarde de intensas pasiones, y las musas de la inspiración salían a relucir en medio de canciones y versos que brotaban del alma de los enamorados.

Las horas nocturnas cabalgaban en lomo de boleros hasta encontrarse con el alba, y desde el fondo del lago sonreían las mojarras y las pepescas, contemplando las rayas de las ciricas. En los cerros y montañas cercanos, un ejército de clorofila dormitaba bajo el mando de señoriales amates.

La brisa a veces podía sentirse más que fresca y calaba hasta los huesos de aquellos que lloraban el tormento de no ser correspondidos por el amor de sus amores. Dichosos eran aquellos que buscaban los rincones más oscuros, muchas veces trás un árbol, para gozar del elixir de los besos y el arcoíris de las caricias de su prenda amada.

Para calentar el alma se prendían en llamas unos buenos leños y alrededor de la fogata proliferaban los cigarros y los chancuacos así como uno que otro trago de aguardiente para limpiar la garganta y agarrar valor.

Los sauces remojaban sus verdes barbas mientras veían, bajo el encanto de las luciérnagas, a la distancia la esbeltez y la soberbia de las altas palmeras.

Ah! Lunadas de Amatitlán. Noches de lago, fecunda inspiración y amor del bueno. Serenatas que quedaron grabadas para siempre en la memoria de nuestra gente.