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sábado, 23 de enero de 2016

LOS TOBARES - CARPINTEROS DE AMATITLÁN

Entre los carpinteros de Amatitlán, un caso verdaderamente admirable es el de "los Tobares", también conocidos como "los Nayos", dos hermanos cuya lealtad los unió laboralmente a través de la mayor parte de sus vidas, al grado que daban la apariencia de hacerlo todo juntos. A donde iba y trabajaba uno, iba y trabajaba el otro.

Se trata de Leonardo "Nayo" Tobar Choc (6 noviembre 1950 - 9 septiembre 2015) y Rosalío Tobar Choc (n. 30 agosto 1958) también conocido como "Chalo o Gonzálo"; hijos de Saturnino Tobar y Berta Choc, vecinos del barrio San Lorenzo a donde llegaron procedentes de Santa Lucía Cotzumalguapa.

Como la mayoría de obreros jóvenes, Nayo empezó como como ayudante de albañil y fue así como hizo sus primeros trabajos de carpintería, los más elementales. Toribio Juárez lo llevó a trabajar a Jurún Marinalá, en Palín, de donde al concluir las obras lo llevó a la construcción de la Corte Suprema de Justicia, en la ciudad capital. Eran obras grandes, con bastantes obreros, en donde se podía aprender y ampliar horizontes. Fue ahí donde se incorporó también Chalo, a los 15 años de edad. Juntos fueron a trabajar en la construcción del edificio del Inguat, encargándose mayoritariamente de la construcción de formaleta o encajonado de madera para las fundiciones de concreto. Después sumaron experiencias en la construcción de algunos módulos en el campus central de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Ya para entonces eran fabricantes de puertas y algunos muebles, como mesas y sillas.

Allá por 1985 se animaron a instalar una carpintería propia en el callejón "Malena" del barrio San Lorenzo, en el interior del lote en donde habitaba su familia. Poco a poco se fueron haciendo fama de buenos carpinteros y así fue como la clientela los llegaba a buscar a aquel taller. Nayo y Chalo fueron contratados para hacer gabinetes, puertas, closets y algunos otros muebles para las Hermanas de la Caridad en Santa Lucía Cotzumalguapa.


“Juan Sánchez, quien hacía trabajos de carpintería en la fábrica Novatex, me invitó a formar parte del grupo de colaboradores de la capellanía del Calvario. Cuando se presentó la necesidad de hacerle algunas reparaciones y mejoras al anda pequeña del Nazareno, le hablé a Nayo y el aceptó colaborar. Nos quedamos trabajando aproximadamente 10 años, durante los cuales fabricamos el estandarte del Nazareno y un anda de 34 brazos. Después, Carlos Santos Sacú fue el vínculo para que fuéramos a trabajar a la parroquia en donde activamos en el Movimiento de Cucuruchos, entre 2003 y 2007, cuando se logró la participación de casi 200 revestidos. Fue en esa época que, entre otros muchos trabajos, nos encargamos de hacer el camerín de la Virgen del Rosario, bancos y bancas para la iglesia, e incluso una andas de 40 brazos para la Vírgen de Dolores, a las que se les aplicaron tallados que se mandaron a hacer por aparte”.[1]

Entre los años 2008 y 2010, el comité del Calvario se propuso la construcción de una nueva urna para el Cristo Yacente de dicho templo, pero las cotizaciones requeridas estaban fuera de su presupuesto. Nayo y Chalo ofrecieron hacer una urna sencilla, es decir sin adornos tallados pues no era su especialidad; fue así como ofrendaron la madera y su mano de obra, correspondiento al comité únicamente aportar los cristales que fueron necesarios. El resultado final es digno de reconocimiento y gratitud.

Los hermanos Tobar han sido colaboradores también de los comités o grupos encargados de las festividades de la Virgen de Concepción, con Gerber Ayala, y de la Virgen del Rosario en el mes de octubre.

Después de la muerte de Nayo, en septiembre 2015, es natural que Chalo luche por no ser presa de la nostalgia y la depresión. Al efectuar esta entrevista, se preparaba para darle mantenimiento y hacer algunos ajustes a la cruz que llevará sobre sus hombros el Nazarenos de los Pobres de la Capellanía del Calvario, en segundo domingo de la Semana Santa 2016.



[1] Tobar Choc, Rosalío. Entrevista OFG, 22 enero 2016.

jueves, 19 de febrero de 2015

SASTRES DE LA CIUDAD DE AMATITLÁN

Por: Oscar Fajardo Gil, Cronista de la Ciudad de Amatitlán

Entre los sastres que se recuerda en la ciudad de Amatitlán se puede mencionar a Don César Villalta, quien además era integrante de la banda de música de Amatitlán y tuvo su barbería en la 3ª avenida entre 3ª y 4ª calles del barrio La Cruz. “Una puerta era la barbería donde nosotros nos cortába el pelo, y a la par había una tienda. También estaba la mesa donde don César medía y cortaba tela junto a su máquina de coser”.[1]


Entre 8ª y 9ª calles de la 5ª avenida del barrio El Rosario se encontraba la sastrería de Don Eugenio Alfaro Mazariegos, quien nació el 20 de marzo de 1891 siendo hijo de Froilán Alfaro y Eduviges Mazariegos, falleció aproximadamente en 1960, y heredó el oficio sartorial a sus hijos José Antonio y Juan Francisco Alfaro Gómez, ambos hermanos de la profesora Raquel Alfaro Gómez; don José Antonio fue el papá del profesor Álvaro Augusto Alfaro Ochoa.

En la sastrería “El Arte Mundial” de Don Miguel Ángel Villalta, 6ª calle entre 2ª y 3ª avenidas frente al parque central, se reunían clientes y amigos como Tono Alfaro, Neto Batres y Layo Pineda para platicar, jugar naipe y dominó.  Don Chanco fue el primer maestro de formación musical del municipio y también era bueno para organizar y preparar chirines.

Uno de los aprendices de oficio de don José Ángel fue Don Julio Alfaro Dávila, más conocido como “Careleón”, quien también se convertiría en uno de los sastres preferidos por los amatitlanecos. Tuvo su taller en la 7ª calle entre 6ª y 7ª avenidas del barrio El Rosario. Otro discípulo de don Chanco fue Don Julio Mejicanos.

Procedente de San Cristóbal Totonicapán llegó Don Domingo Rodas Mejía a mediados del Siglo XX y estableció su sastrería en la 2ª avenida entre 5ª y 6ª calles, en el barrio La Cruz, la que practicamente se convirtió en un almacen de moda para caballeros porque además de pantalones y trajes se podía encontrar camisas, corbatas, zapatos y otros accesorios. Mi padre, José Oscar Fajardo, mi hermano Carlos y yo fuimos clientes eventuales de don Mingo.

Con don Mingo también llegaron otros jóvenes procedentes de la tierra de Atanasio Tzul que le aprendieron el oficio y pusieron sus propios talleres, entre ellos su medio hermano menor Don José Pedro Huitz Mejía (n. 23 Feb. 1939), quien además destacó como futbolista (llegó a jugar en máxima categoría nacional con la Selección de Amatitlán y el Botrán de Quetzaltenango) y locutor, tuvo su propia sastrería en la 5ª calle entre 5ª y 6ª avenidas del barrio San Juan.

La oleada manzanera aún incluyó a Domingo René Ixcamparij Mejía, nacido el 30 de julio de 1938 en San Cristóbal Totonicapán. Fue un joven futbolista que llegó a jugar con el Deportivo Municipal de Villa Nueva, época en la que conoció a Don Diego Chaj Gómez originario de San Francisco El Alto, Totonicapán, quien tenía una sastrería, "La Moderna", en la 2ª avenida entre 3ª y 4ª calles del barrio La Cruz, a la par de la Cooperativa UPA, y le ofreció trabajo. René no aceptó inmediatamente la invitación pero decidió hacerlo pasado algún tiempo. Desde entonces y hasta la fecha es conocido popularmente como “Chivo” y su sastrería ha estado durante más de medio siglo en la misma propiedad de la familia Barrientos Cuevas frente a la Municipalidad, primero sobre la 6ª calle y después sobre la 5ª avenida.

También de San Cristóbal Totonicapán llegó Don Domingo Mejía, patriarca de la familia Mejía Tecum y fundador de "La Moda Práctica", que durante muchos años estuvo en la 7ª calle entre 2ª y 3ª avenidas frente al parque central.

No puedo dejar de mencionar a Don Julio Serrano tuvo su sastrería “El Traje Elegante” en uno de los locales de la Casa de Altos en la 3ª avenida y 5ª calle hasta el terremoto de 1976, después se trasladó a la 6ª calle entre 3ª y 4ª avenidas del barrio La Cruz, a donde recuerdo que también me llevó alguna vez mi papá para que me confeccionara algunos pantalones.

Don Rogelio Reynosa Orellana conocido popularmente como “Maromas”, fue otro de los patojos que aprendió el oficio con don Chanco Villalta, ha tenido su sastrería en la 13ª calle entre 4ª y 5ª avenidas del barrio El Ingenio. Con 83 años de edad, afectado por la pérdida de la vista y el oído, ha dejado de practicar este oficio y lo ha heredado junto con la clientela a su hijo Noé Reynosa Cuevas.



[1] OFG Entrevista personal con Nery Anzueto Amado, 12 mayo 2013