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domingo, 9 de agosto de 2020

ALIS MORALES, enfermera auxiliar, atleta, ángel y guerrera que lucha para ganarle vidas al coronavirus - 2a parte

Por: Oscar Fajardo Gil, Cronista de la Ciudad de Amatitlán

Mientras se documentaba sobre el coronavirus, Alis Morales era requerida por pacientes que necesitaban sus servicios para que los inyectara y les aplicara sueros.

“En abril atendí mi primer caso de Covid-19 en Amatitlán. Era un señor de la tercera edad, muy querido por muchas personas, que se contagió en el IGSS de la ciudad capital. Tenía complicaciones de próstata. Lamentablemente, a pesar del tratamiento médico, falleció. Me sentí muy triste, pero fui conociendo más sobre la enfermedad”.

Asumiendo con valor los riesgos e incluso los costos, visitaba pacientes a domicilio, usando equipo de contención que le costaba 85 quetzales, aunque ella cobraba solo 50 quetzales.

“Un día, un paciente se me complicó y decidí llevarlo al IGSS de Amatitlán, en donde estuvimos desde las siete de la mañana hasta las seis de la tarde, solo para que le dijeran “es Covid positivo, si tiene cómo, váyase al hospital de la zona 9 porque no tenemos ambulancias”. Él, con mirada agonizante me pidió que lo llevara. Tenía que hacerlo. Lo lleve, pero el hospital de la zona 9 estaba peor. Allá pasamos toda la noche, llovía y él tenía neumonía, lo acurruqué en el carro y le dije: “yo voy a hacerme presente por usted, mientras protéjase”. Ahí me di cuenta que el sistema de salud había colapsado”.

Decidió traerlo de vuelta a casa e investigar cómo tratar esa neumonía. Con la información recabada y la experiencia sobre la marcha le aplicó tratamiento, y funcionó. Así fue como, con determinación, coraje y fortuna, Alis logró su primer paciente recuperado.

Cuando la mayoría de médicos y personal de enfermería se resistía a efectuar visitas domiciliares, ella siguió haciéndolo, aunque sabía que hacerlo significaba estar en el filo de una navaja. Otro día, llegó a casa de un paciente que gritaba “¡por favor, ayúdeme, no puedo respirar!”. Alis sabía que no podía darse el lujo de tardarse los diez o quince minutos que necesitaba para ponerse su equipo de protección.

“El paciente agonizaba. Me detuve, hice una breve oración, y dije “su vida vale igual que la mía, me voy a contagiar, pero él se va salvar”. Y así fue como pasé a formar parte del equipo de Covid-19 positivo. Se salvó mi paciente, pero yo me contagié. Me hice el hisopado dos días después y di positivo. Mi familia entró en pánico. Tuve que calmarlos. Los orienté sobre cómo mantener distanciamiento preventivo, mientras yo me administré mi propio tratamiento. Gracias a Dios me recuperé. Y hasta hoy siguen ellos negativos”.

Alis Morales es una incansable luchadora contra el coronavirus, se levanta desde muy temprano para acudir a donde es llamada. La enfermedad es cruel y de un momento para otro puede convertirse en fatal, para los pacientes que son afectados pulmonarmente y tienen dificultades para respirar. A veces sus jornadas son largas y extenuantes, algunas han sido de más de 20 horas diarias, a la par de los pacientes. Hasta la fecha, estima haber atendido más de ochenta pacientes Covid en Amatitlán.


Cuando sus servicios son requeridos, incluye evaluación del paciente en su casa, medición de saturación, niveles de glicemia, examen físico clínico y diagnóstico. Ella lleva algunos tratamientos, los cuales pueden variar en cuanto a costo. Es una opción más accesible especialmente a personas de condición humilde, especialmente si se compara con los precios de los tratamientos de sanatorios particulares.

“Sigo recibiendo fuertes descargas vírales, soy un peligro para las personas que no tienen Covid. Por eso, cuando me llaman, les respondo solo atiendo Covid-19. Porque, si no lo tiene, yo se lo llevo”.

Está consiente que, aunque ya se enfermó, puede volver a contagiarse. El enemigo es poderoso e implacable. El riesgo para su vida es alto y permanente. Las defensas del cuerpo pueden bajar. El virus y el tratamiento dejan secuelas.

“Si algo me pasara, ha valido la pena. Estoy convencida que se salvaron, al menos, 20 personas que seguro iban a morir. Cuando ya no se puede hacer mayor cosa por salvarles la vida, mi propósito es darles calidad de vida, menos sufrimiento”.

Marta Alicia Morales Oliva nació en San José del Golfo, llegó a vivir a Amatitlán el 9 de diciembre de 1999. Con mucho entusiasmo y muchos esfuerzos adquirió su casita en Los Espárragos. Se considera una legítima pepitera. Vive con sus tres hijos, tiene una nieta.

A Alis Morales tengo algunos años de conocerla, como cronista deportivo, porque le gusta practicar el atletismo, deporte en el que ha logrado alrededor de 150 medallas y unos 15 trofeos en diferentes distancias. Ha corrido carreras de 5, 10, 21, 30, 42 y 85 kilómetros, además carreras extremas de montaña, incluyendo un primer lugar conquistado en México en 70 Kms de montaña con tiempo de 9 horas 50 minutos.

Como si fuera poco. Estudió un curso de mecánica en INTECAP porque compró un automóvil como chatarra y se preparó para poder hacerse cargo de reparar cualquier desperfecto. Así que también es mecánica. Reconstruyó el motor de tal manera que, aunque su carro le costó cinco mil quetzales ahora no lo vende ni por quince mil. Es algo así como una especie de Alismóvil. Eso sí, lleva tres años de ser taxista. Aunque por ahora no brinda ese servicio, para evitar contagiar a personas sanas.

Esta sorprendente y admirable mujer, definitivamente, es una fuera de serie. Vive la vida con intensidad en todas las facetas posibles: enfermera auxiliar, atleta, mecánica, madre, abuela, y amiga. Es incansable, encuentra fortaleza en el servicio a los demás. Sigue el ejemplo de la Madre Teresa con el coraje digno del más intrépido guerrero, aunque tenga que arriesgarse en extremo. Para muchos enfermos se ha convertido en la última esperanza de sanidad y por eso no es raro que la califiquen de “ángel”. Seguramente tiene el respaldo de Nuestro Señor Jesucristo, por eso se ha convertido en instrumento para Su Misericordia y Su Voluntad. Gracias Alis, de todo corazón, que DIOS la siga bendiciendo, protegiendo y librando de todo mal. (OFG)

sábado, 8 de agosto de 2020

ALIS MORALES, enfermera auxiliar, atleta, ángel y guerrera que lucha para ganarle vidas al coronavirus - 1a parte


Por: Oscar Fajardo Gil, Cronista de la Ciudad de Amatitlán

"Cuido tu vida arriesgando la mía ¿Por qué? me preguntan muchos. Porque tu vida vale igual que la mía y sé que puedo ayudarte a salir dé Covid19, no más muertes en Amatitlán", manifiesta con pasión Alis Morales.

Tomó la arriesgada decisión de trabajar con pacientes que padecen coronavirus o Covid-19. Es una intrépida guerrera de la salud que lucha día a día contra la muerte. Hasta el momento se puede decir que sus esfuerzos han tenido éxito, pues ha logrado la recuperación de decenas de personas.

Desesperados por no encontrar atención en hospitales públicos ni sanatorios privados, las familias de los pacientes o ellos mismos, la llaman cuando presentan un cuadro de neumonía grave.

Ella misma dice: "A algunos los encontré sin ningún medicamento y sin oxígeno. Les di la medicación para tratar la neumonía y complicaciones pulmonares que provoca el mortal Covid. Dependiendo el cuadro clínico, uso de desinflamatorios, medicamentos como Ceftriaxona 1 gramo cada 24 horas si la infección es leve, y cada 12 si es grave. Nebulizaciones. Oxígeno y control permanente del paciente. Se puede decir que es una verdadera atención personalizada. Aunque yo tenga que dormir solo dos horas por día”.

Marta Alicia Morales Oliva, más conocida como Alis Morales, nacío el 26 de abril de 1978, es la quinta de once hijos de sus padres. No tuvo oportunidad de estudiar siendo niña pues sus padres lucharon para darles de comer. A los once años de edad inició a trabajar, desde entonces soñaba con ser un médico y que todo mundo la llamara para curarse. Se casó muy joven, a los 15 años, y tuvo tres 3 hijos.

“Cuando empecé a llevar a mi primer hijo al colegio, me daban ganas de quedarme estudiando y lograr mi sueño de ser médico. Así fue como me inscribí en la escuela Rafael Iriarte de Amatitlán, en jornada nocturna, primaria por etapas. Terminando sexto grado, supe que había un lugar en Escuintla donde enseñaban enfermería. Fui al Liceo Técnico Escuintleco, me inscribí e inicié un curso. Tenía mucha hambre por aprender y sentía que me enseñaban, pero yo quería más. Bajaba información de internet para ser la mejor enfermera de la historia”.

Se graduó de enfermera auxiliar el 25 de enero del  2003, con honores pues tenía la mejor nota de su grupo, 100 en todas las asignaturas. Una semana después, exactamente el 2 de febrero, fue llamada por la licenciada Rutilia Herrera de Acajabón, directora de la escuela nacional de enfermería del hospital Roosevelt, quien le propuso trabajar con ella en una empresa de cuidados paliativos a domicilio, con todos los pacientes de cuidados intensivos.

“Acepte con mucho miedo, porque creía que no sabía lo suficiente para ese reto. Pregunté si me capacitarían, si me ayudarían en cuanto a dudas que tuviera, pues era mi primer trabajo como enfermera. Sonriendo, ella me dijo: si, serás la mejor enfermera de mi equipo. Su primer paciente fue un médico con muchas complicaciones de salud: traqueostomia, gastrostomia y un accidente cardiovascular. Era realmente un reto, pero salí adelante. Trabajé cinco años en esa empresa, atendiendo pacientes de familias muy adineradas. Me ascendieron varias veces, pero debía tener carro y pues no llegaba ni a bicicleta”.

Alis se retiró de ese trabajo cuando decidió embarazarse de su hija Melissa, pues deseaba cuidar y disfrutar de ella. Posteriormente, emprendió un proyecto propio buscando pacientes a quienes les hacía sus visitas, planes de trabajo y les nombraba una enfermera, encargándose ella de la supervisión. Tenía a su cargo una gran responsabilidad.

“El día que el presidente Giammattei dijo “tenemos el primer caso de coronavirus en Guatemala”, yo veía la transmisión por televisión y dije: “Dios mío es una pandemia”. Sentí como deseos de agarrar a mi pueblo como si fuera una gallina, acurrucando a sus pollitos bajo sus alas. Me dediqué a investigar los daños o secuelas que causa el coronavirus. No había mucha información. Seguí investigando”.

(continuará... 2a parte)