viernes, 21 de agosto de 2020

In memoriam CARLOS HUMBERTO DE LA CRUZ FUENTES "Klesse"


Por: Oscar Fajardo Gil,
Cronista de la Ciudad de Amatitlán

Mi amigo, colega, y vecino Carlos Humberto De la Cruz Fuentes, nació el 07 noviembre 1939, hijo de Carlos De la Cruz y Socorro Fuentes. Se crió con sus abuelos paternos: Marcos De la Cruz y Gregoria de De la Cruz, quienes fueron padres de los músicos Santiago De la Cruz y Faustino De la Cruz, éste último llegó a ser Director de la Banda de Música Civil de Amatitlán.

“En aquella casa había varios instrumentos musicales, y mis primos tenían vocación y talento musical. Pude haber desarrollado alguna habilidad musical, pero no ocurrió así”, me comentó Carlos Humberto cuando lo entrevisté para mi libro "Navajas, peines y tijeras", publicado el 24 de junio 2013.

Don Marcos, su abuelo, era peluquero y durante muchos años tuvo su barbería y peluquería en la esquina de la 7ª calle y 8ª avenida del barrio Hospital. Fue él quien le enseñó el oficio a Carlos Humberto, cuando era apenas un patojo de 12 años de edad.

A mediados de la década de 1950 se trasladó a la capital, prácticamente para terminar de aprender el oficio y para luego hacerse cargo de la peluquería que tenía su papá, La Juventud, en la 19ª calle entre 3ª y 4ª avenida de la zona 1, por El Amate. Estudió los básicos en un instituto público de la zona 3.

“Para entonces yo ya me echaba los tragos y fumaba. Lamentablemente fui rodeándome de amigos y algunos clientes con quienes le dimos duro a la farra y la vida de bohemios. Hasta que me acabé la peluquería”, me contó Carlos Humberto.


Retornó a Amatitlán, entre 1963 y 1965, para establecer su propia peluquería, la cual estuvo en varias direcciones: 2ª avenida y 5ª calle esquina, propiedad de familia Pineda; 2ª avenida entre 5ª y 6ª calles, frente a la sastrería de don Domingo Rodas; 7ª calle entre 2ª y 3ª avenidas, frente al parque central; 7ª calle entre 3ª y 4ª avenidas, en propiedad de la familia Mazariegos. Era yo apenas un niño cuando me llevaba mi papá a cortarme el pelo donde “Klesse”, mote que alguna vez se ganó su hermano Miguel por su peculiar forma de pronunciar la palabra “crece”. Ni que decir que, por extensión, Carlos también pasó a ser “Klesse”.

Curiosamente, Carlos H. De la Cruz dejó el oficio de peluquero para dedicarse al periodismo gráfico. ¿O será porque como peluquero tenía acceso a la información? Quien sabe. Todo parece indicar que en realidad lo que ocurrió es que siguió los pasos de su hermano Miguel Enrique, quien ya bregaba en el medio periodístico.

“Pasaban a la peluquería, los bomberos o la policía, avisándome de algún accidente o algún suceso noticioso. Entonces yo le pedía por favor, al cliente que estaba atendiendo que me esperara un rato, mientras yo iba a tomar la foto y los datos de la noticia. Hubo quienes me esperaron hasta una o dos horas, claro que algunos mejor decidieron irse”.


Ya en 1975 había logrado colocarse como corresponsal del diario La Nación, sin sueldo formal. Fue así como le dio cobertura al terremoto del 04 febrero 1976, iniciando con fotos de los daños en el barrio Ingenio y el incendio de farmacia Universal; ese mismo día fue nombrado para trasladarse a Parramos y otras poblaciones del altiplano central.


Fue uno de los promotores y gran colaborador de la 29ª Cía. de bomberos voluntarios de Amatitlán; se convirtió en gestor del terreno que la Municipalidad otorgó en usufructo para construir la sede bomberil.


                                   
Carlos H. De la Cruz trabajó en diario La Nación hasta que este medio dejó de existir luego de la muerte violenta de Roberto Girón Lemus, el 5 de febrero de 1982. De ahí pasó a Prensa Libre, El Impacto, La Hora, La República, Al Día y finalmente Diario de Centro América DCA.


Puede decirse que fue un aventajado alumno de la Universidad de la Vida, en la cual se formó al fragor del trabajo diario. Le tocó ejercer el arriesgado oficio de periodista gráfico en la más cruel y desalmada etapa de la guerra interna, con lo que al igual que muchos colegas expuso su integridad física y hasta la vida. Eran tiempos en los que más de algún esbirro llegó a decir que a los periodistas se les compraba o se le convencía “con plata o con plomo”.

Creo que, si algo le pudo hacer falta de formación académica, lo compensó abundantemente con vocación, valor y responsabilidad. Por el tiempo que trabajé en Radio Mundial, Emisoras Unidas, Radio Cadena Sonora, y otros medios, entre 1994 y 2008, me consta que Carlos De la Cruz, “el viejito pelón” como le decían algunos colegas de prensa, se supo ganar el respeto y el aprecio de muchos periodistas que lo recordaban como un talentoso reportero gráfico. 

De la Cruz Fuentes era afiliado 201 del Instituto de Previsión Social del Periodista - IPSP, a donde ingresó el 11 de noviembre de 1997.

Como pocos en el medio, Carlos De la Cruz compartía sus experiencias con sus compañeros reporteros más jóvenes, aconsejándolos en los vericuetos de esta profesión. En mi caso personal, aconsejó emplear papel periódico o manila en lugar de bond para la impresión del periódico amatitlaneco "Nuestro Pueblo" (1998-2006).

Se jubiló primero como peluquero y después como periodista gráfico en el IPSP. Entonces se dedicó a vivir con la tranquilidad que no tuvo durante muchos años, y saludar vecinos, conocidos y amigos, mientras se entretenía y atendiendo su pequeño negocio de regalos en la esquina de 7ª avenida y 7ª calle, barrio Hospital. 

Es oportuno anotar que con Carlos fuimos colegas de prensa, amigos y vecinos, pues vivíamos a menos de 100 metros de distancia en el mismo barrio. 

Agradezco su entusiasmo y buenos comentarios durante mi gestión como Director de la 29a. Cía. de Bomberos Voluntarios, 2015-2017.

La Asociación de Comunicadores Sociales de Amatitlán – ACSA le otorgó el Premio “José Augusto Reynosa Orellana” por su valiente y larga trayectoria en el periodismo nacional, el 30 de noviembre de 2017. Un año antes, en la Gala de ACSA 2016, fue abanderado junto a Francisco Javier Girón Avendaño.


“Él le pedía a Dios cambiar su carácter y comenzó a ir a misa todos los días, ahí conoció a muchas más personas. Tenía su carácter fuerte, pero cambió mucho al acercarse a la iglesia. Se convirtió en servidor parroquial. Recolectaba la ofrenda y madrugaba para limpiar las primeras bancas para las personas enfermas o con algún problema. Para él, servir al prójimo era servir a Dios”, refiere su hija Johana al recordar sus últimos años.

Inexorablemente, con el paso de los años, Carlos fue experimentando algunas de las conocidas enfermedades de la edad: hipertensión, operación de próstata y diabetes; por lo que debía estar bajo control médico.

El sábado 08 de agosto 2020 tuvo una seria crisis de niveles de glucosa, por lo que su familia lo llevó a un sanatorio local, donde lo estabilizaron. Sin embargo, el domingo por la tarde volvió a tener problemas, por lo que se decidió trasladarlo al Hospital del IGSS de la zona 9, en donde permaneció varios días. Durante la semana estuvo en el cuarto de shock, en estado delicado. Finalmente, el sábado 15 de agosto, después de las siete de la noche, perdió la batalla y dejó de existir.

Su cuerpo recibió cristiana sepultura el domingo 16 de agosto por la mañana, en el cementerio general de Amatitlán, coincidiendo su sepelio con el del periodista y locutor Francisco Javier Girón Avendaño, también fallecido el día anterior. Curiosamente, nacieron ambos en el año 1939, Carlos el 7 de noviembre y Francisco el 3 de diciembre. QEPD.

Hasta siempre mi amigo Carlos De la Cruz. Gracias por todo, especialmente por tu generosidad que muchas veces pasó desapercibida para la mayoría, menos para los que recibieron tu apoyo. Gracias también por poner en alto el nombre de nuestro Amatitlán Soñado. Hasta que nos volvamos a ver. OFG.

Fuente parcial: Libro “Navajas, peines y tijeras”
de Oscar Fajardo Gil, publicado en junio de 2013.

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