Por: Oscar Fajardo Gil, Cronista de la Ciudad de Amatitlán
"Cuido
tu vida arriesgando la mía ¿Por qué? me preguntan muchos. Porque tu vida vale
igual que la mía y sé que puedo ayudarte a salir dé Covid19, no más muertes en
Amatitlán", manifiesta con pasión Alis Morales.
Tomó la arriesgada decisión de trabajar con pacientes que padecen coronavirus o
Covid-19. Es una intrépida guerrera de la salud que lucha día a día contra la
muerte. Hasta el momento se puede decir que sus esfuerzos han tenido éxito,
pues ha logrado la recuperación de decenas de personas.
Desesperados
por no encontrar atención en hospitales públicos ni sanatorios privados, las
familias de los pacientes o ellos mismos, la llaman cuando presentan un cuadro
de neumonía grave.
Ella
misma dice: "A algunos los encontré sin ningún medicamento y sin
oxígeno. Les di la medicación para tratar la neumonía y complicaciones
pulmonares que provoca el mortal Covid. Dependiendo el cuadro clínico, uso de desinflamatorios,
medicamentos como Ceftriaxona 1 gramo cada 24 horas si la infección es leve, y cada
12 si es grave. Nebulizaciones. Oxígeno y control permanente del paciente. Se
puede decir que es una verdadera atención personalizada. Aunque yo tenga que
dormir solo dos horas por día”.
Marta
Alicia Morales Oliva, más conocida como Alis Morales, nacío el 26 de abril de
1978, es la quinta de once hijos de sus padres. No tuvo oportunidad de estudiar
siendo niña pues sus padres lucharon para darles de comer. A los once años de edad
inició a trabajar, desde entonces soñaba con ser un médico y que todo mundo la llamara
para curarse. Se casó muy joven, a los 15 años, y tuvo tres 3 hijos.
“Cuando
empecé a llevar a mi primer hijo al colegio, me daban ganas de quedarme
estudiando y lograr mi sueño de ser médico. Así fue como me inscribí en la
escuela Rafael Iriarte de Amatitlán, en jornada nocturna, primaria por etapas. Terminando
sexto grado, supe que había un lugar en Escuintla donde enseñaban enfermería.
Fui al Liceo Técnico Escuintleco, me inscribí e inicié un curso. Tenía mucha
hambre por aprender y sentía que me enseñaban, pero yo quería más. Bajaba información
de internet para ser la mejor enfermera de la historia”.
Se
graduó de enfermera auxiliar el 25 de enero del
2003, con honores pues tenía la mejor nota de su grupo, 100 en todas las
asignaturas. Una semana después, exactamente el 2 de febrero, fue llamada por la
licenciada Rutilia Herrera de Acajabón, directora de la escuela nacional de
enfermería del hospital Roosevelt, quien le propuso trabajar con ella en una
empresa de cuidados paliativos a domicilio, con todos los pacientes de cuidados
intensivos.
“Acepte
con mucho miedo, porque creía que no sabía lo suficiente para ese reto. Pregunté
si me capacitarían, si me ayudarían en cuanto a dudas que tuviera, pues era mi
primer trabajo como enfermera. Sonriendo, ella me dijo: si, serás la mejor
enfermera de mi equipo. Su primer paciente fue un médico con muchas
complicaciones de salud: traqueostomia, gastrostomia y un accidente
cardiovascular. Era realmente un reto, pero salí adelante. Trabajé cinco años en
esa empresa, atendiendo pacientes de familias muy adineradas. Me
ascendieron varias veces, pero debía tener carro y pues no llegaba ni a
bicicleta”.
Alis
se retiró de ese trabajo cuando decidió embarazarse de su hija Melissa, pues
deseaba cuidar y disfrutar de ella. Posteriormente, emprendió un proyecto
propio buscando pacientes a quienes les hacía sus visitas, planes de trabajo y
les nombraba una enfermera, encargándose ella de la supervisión. Tenía a su cargo
una gran responsabilidad.
“El
día que el presidente Giammattei dijo “tenemos el primer caso de coronavirus en
Guatemala”, yo veía la transmisión por televisión y dije: “Dios mío es una
pandemia”. Sentí como deseos de agarrar a mi pueblo como si fuera una gallina,
acurrucando a sus pollitos bajo sus alas. Me dediqué a investigar los daños o
secuelas que causa el coronavirus. No había mucha información. Seguí
investigando”.
(continuará... 2a parte)
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