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martes, 5 de mayo de 2026

Chancaca, Pepita, Matagusano y Mazapán, dulce tradición que se conserva en Amatitlán

Por: Oscar Fajardo Gil, Cronista de la Ciudad de Amatitlán

Victoria Maribel Aquino Vásquez "Toyita" conserva la tradición dulcera de hacer "matagusano" y "chancaca", sin lugar a dudas distintivos de Amatitlán. Aprendió desde niña a hacer pepitoria, mazapán, bocadillos de coco, de piña, camote, y toronja, herencia cultural y legado de su mamá doña Victoria "Toyita" Vásquez de Aquino (1938-2024), quien a su vez aprendió el oficio de su abuelita doña Natalia Vásquez.


A doña Toyita Vásquez tuve oportunidad de entrevistar en varias ocasiones, primero para Lago TV, y por último para un grupo de investigadoras de la USAC (2019), quienes dejaron plasmada su investigación en el libro "Tradiciones de Guatemala" del Centro de Estudios Urbanos en Guatemala.

El recién pasado 30 de abril, tuve el gusto de volver a conversar personalmente con Toyita Maribel Aquino Vásquez (n. 1975) durante la bienvenida a los Niños Visitantes, en su puesto de venta de dulces frente al templo parroquial. Me contó que había preparado un poco de matagusano para la feria, solo ciento y medio de naranjas, pero que "es un dulce que cuesta mucho preparar desde la obtención y lavado de la cáscara, la molida y la cocción hasta dar con el punto exacto para que no quede amarga; lleva mucho trabajo"

El Matagusano es un dulce tradicional guatemalteco que combina la ralladura de naranja con panela y miel para crear una mezcla espesa y suave, la cual se ofrece al consumidor en pequeñas marquetas de alrededor de 12 cms de largo, envueltas en papel celofán. Según la tradición oral, este dulce guarda un secreto para combatir las lombrices. En muy pocas poblaciones se conserva, entre ellos Amatitlán gracias a la familia de Toyita Aquino Vásquez.


El mero 3 de mayo pasé a traer matagusano, chancaca, pepitoria y mazapán; debo aclarar que también tiene a la venta otros dulces artesanales de acuerdo a la demanda, tal es el caso de las canillitas de leche y la pepitoria con manía, por mencionar solo dos ejemplos entre varios.

Además de su puesto tradicional en la plaza central, instaló un pequeño puesto en el área de feria (más o menos en la esquina de la conocida "casa del lago"), y también sus dulces se venden en un pequeño local en la 7a calle y 8a avenida del barrio Hospital.

Gracias Toyita !!!! Que DIOS le siga bendiciendo. Conservemos nuestras costumbres y tradiciones amatitlanecas. (OFG)

viernes, 17 de enero de 2025

Pintor, dulcero y marimbista "WITTÍN" Más de siete décadas !!! "No le den"

Por: Oscar Fajardo Gil, Cronista de la Ciudad de Amatitlán

El refrán dice que "de médico, poeta y loco, todos tenemos un poco"; sin embargo, a nuestro personaje se le aplica más bien: "para músico, pintor y dulcero, Wittín es bien chilero".

Luis Antonio Peralta Figueroa nació el 10 de junio de 1954, en esta tierra pepitera de las perpetuas mengalas. No es por hacerle fama pero con solo una docena de años en su existencia fue alumno de artes plásticas con la licenciada Aracely Judith Samayoa Godoy, quien le dijo que tenía aptitudes para el dibujo y la pintura; al principio, él como que no le puso mucho "coco" al asunto. Pero, como la vida da tantas vueltas, con el paso de los años llegó a convertirse en pintor de casas, edificios variados, y rotulador de muchos negocios. 

Recuerda que era patojo cuando su tío Felipe Figueroa - "Chaleco" - le puso el sobrenombre de "Witi", en referencia a un jugador de futbol de liga mayor procedente de la costa del Atlántico, "Guiti" Guzmán Gamboa. Siendo rotulador, hace bastantes años empezó a identificar su trabajo con un seudónimo a manera de firma: "Wittín" (con doble "t" y "n" al final).

También por allá a mediados de la década de 1960, aprendió un oficio al que su familia se dedicaba: elaboración de dulces tradicionales de Amatitlán. Por aquel entonces, los Peralta vivían por el rumbo de la 9a calle y 4a avenida, entre los barrios El Rosario y San Antonio; producían pepitoria y mazapán, además de otros dulces. En la esquina estaba la casa de la familia Duarte Escobar, en donde doña Lola y doña Nela hacían chancaca, matagusano, bocadillo de coco y dulces de colores. 

En la década de 1970, fue ayudante en el taller de carpintería de don Chano Díaz, quien además era marimbista. Wittín era hijo de don Goyo Peralta, marimbista que integró el recordado conjunto de la "La Principal", pero quien no le quiso enseñar ese oficio para que no cayera en el vicio del licor. Así que con algunos consejos de don Chano, pero casi de manera autodidacta, Wittín aprendió a tocar marimba.

Lo que bien se aprende no se olvida. Wittín sigue dedicándose a hacer rótulos, de vez en cuando hace pepitoria en dulce (más por encargo que otra cosa) y ahora se dedica a coordinar ensayos y presentaciones de la Marimba Pampichí de la Municipalidad de Amatitlán; así como de su propia Marimba "Teclas Wittinecas". 


Nadie sabe, nadie supo, en algún momento de sus andanzas, resultó siendo idenficado con la expresión popular "No le den".  Al grado que cuando alguien lo ve pasar o lo saluda, le dicen: "No le den" !!! (OFG)

jueves, 28 de abril de 2016

DOÑA CONCHITA ORREGO DE CRUZ, 60 AÑOS VENDIENDO DULCES EN LA PLAZA CENTRAL DE AMATITLÁN

Por: Oscar Fajardo Gil, Cronista de la Ciudad de Amatitlán

El 8 de diciembre de 1941, día de la festividad de la Virgen de Concepción, nació María Concepción Orrego Morales de Cruz, sus padres fueron Ismael Orrego Pineda y Marta Celia Morales Carballo, su abuelita doña Gabriela Carballo de quien heredó su espíritu y costumbres de mengala amatitlaneca. Toda su vida ha transcurrido como vecina de la 9ª calle entre 6ª y 7ª avenidas del barrio El Rosario.

Transcurrió su niñez en el cada vez más lejano Amatitlán de Antaño, en el que se vivía en paz y agradeciendo las bendiciones diarias, los hombres en su mayoría dedicados a la agricultura y oficios artesanales mientras las mujeres se encargaban de los quehaceres de la casa, desde luego sin hacer falta la elaboración de deliciosas comidas.

Aprendió desde muy pequeña a elaborar los dulces tradicionales como la pepitoria y el mazapán, y ya preparados aprendió a venderlos, ataviada con el traje de mengala y ofreciendo la mercancía con una amplia sonrisa.

Recuerda que el punto principal de venta era la estación del ferrocarril y que los compradores podían venir de paseo a Amatitlán o ir de paso hacia otros destinos en la costa Sur o en la capital. También por ese lugar pasaban los buses que provenían de la costa con rumbo a la capital, y viceversa.

Fue el alcalde Nery Mejicanos Paiz quien autorizó, en 1954, la colocación de las primeras ventas en las afueras del único mercado de la población, y hasta fue construida una galera en las cercanías de la pila o fuente a un costado del templo parroquial y casi al frente de la antañona ceiba del parquecito central. Ahí fue a donde se trasladó, siendo una patoja casi quinceañera, Conchita Orrego Morales; sin imaginarse que se convertiría por más de medio siglo en personaje emblemático con su caseta de madera vendiendo ricos y variados dulces tradicionales en la plaza central de la Ciudad de Amatitlán.


Con 75 años bien cumplidos, doña Conchita Orrego de Cruz se siente satisfecha y agradecida con la vida. "La preparación de la pepitoria y el mazapán no es fácil, requiere de mucho trabajo y hay que llevar bastante fuego. Pero vale la pena. Las mujeres de antes éramos arrechas para el trabajo y sabíamos aguantar cualquier sacrificio, con tal de sacar adelante a nuestras familias. Me siento orgullosa de decir que soy una de las últimas verdaderas mengalas, no de adorno ni para figurar. Quisiera que todas las patojas de ahora también se sientan amatitlanecas y demuestren con hechos su amor por nuestras costumbes y tradiciones".

Nuestras sinceras felicitaciones a doña Conchita Orrego de Cruz por ser una de las tres mengalas que reciben el homenaje, por parte de la Municipalidad y la Corporación 2016-2020, de ver su imagen pintada por el maestro Carlos Santos Sacú en el "Arco de Bienvenida" de la Tradicional y Bicentenaria Feria de la Cruz 2016 en honor al Niño Dios de Amatitlán.

viernes, 31 de enero de 2014

MATILDE MANCILLA ARENAS - DULCERA DEL AMATITLÁN DE ANTAÑO

En esta semana se cumplieron 124 años desde que doña Matilde Mancilla Arenas nació, el 26 de enero de 1,890, en la ciudad de Amatitlán, fue hija de Anastacio Mancilla y Evarista Arenas, su único hermano hombre fue Jacobo Mancilla Arenas. Residía en la 4ª avenida, entre 10ª y 11ª calles, Barrio El Rosario. Falleció  el 29 de julio de 1,975, a la edad de 85 años.

Doña Matilde inscribió su nombre en el libro de oro de la historia de nuestro terruño al convertirse en una de las pioneras en la  elaboración de los famosos y deliciosos  dulces típicos de Amatitlán: higos, camote, chilacayote, chancaca, pepitoria, mazapán, bocadillos, barquillos; legado que dejó a sus hijas-sobrinas: Matilde Mancilla López (ganadora de un concurso de dulces típicos a nivel nacional, cuando fue Jefe de Estado el Gral. Oscar Humberto Mejía Víctores 1984-1986), y Antonia Mancilla López (a quien Nuestro Diario publicó el reportaje “Los Fruteros”, el 27 de diciembre de 2010); quienes por muchos años se dedicaron a esta actividad.

Fué una ferviente y fiel católica, amaba a Dios sobre todas las cosas, no podía faltar a misa, servia  en las Guardias del Rosario y la Hermandad de San Francisco de Asís. Una persona de valores  y principios, muy estricta, disciplinada, exigente en el buen sentido, todo le gustaba bien hecho, como todas las personas de antaño, le inculcó esos mismos valores a sus sobrinos (hijos de crianza).

Su hermano, Jacobo Mancilla, contrajo matrimonio con Anita López, con quien procrearon 5 hijos: Matilde, Virginia (esposa de Oscar “Tio Coy” Gil) Juanita, Antonia y Efraín.

Lamentablemente los padres de mi papá, Efraín Mancilla López, fallecieron y  quedaron huérfanos a muy corta edad. Mi padre tiene 86 años y comenta que cuando falleció la abuela Anita, él tenia 6 años y cuando falleció el abuelo Jacobo tenia 13 años, como su tía Matilde Mancilla Arenas, era la única hermana del abuelo Jacobo, ella se hizo cargo de los 5 hijos de su hermano. Por eso tuvo que trabar duro, fue madre de crianza de ellos. Mi padre, sus hermanas y todos los hijos, le decíamos tía abuela. Ella se preocupaba porque todos los hijos de sus sobrinos, recibiéramos la  doctrina, que hiciéramos la primera comunión. Recuerdo que ella nos compro, a mi y a mi hermano Otto (oso), nuestro traje de primera comunión. No podíamos faltar a misa y dejar de comulgar, porque nos llamaba la atención. Prácticamente ella fue la inculco  a mi padre y a mis tías los valores morales y espirituales que ellos también  dejaron a sus  hijos”.[1]

Una vida ejemplar fue la de doña Matilde Mancilla Arenas, para honra y gloria de Dios, de su familia, y de todo nuestro Amatitlán Soñado y Eterno, el que nunca pasará de moda y que nos pertenece a todos. Seguramente su alma goza de vida en abundancia en el Reino de los Cielos, junto al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo.

Foto proporcionada gentilmente por la Sra. Thelma Peralta, ya que doña Matilde Mancilla Arenas fue madrina de sus hermanos Oscar Humberto "Choco" y Guillermo Peralta.




[1] Mancilla, J. Fernando. Entrevista electrónica 30 enero 2014