Mostrando entradas con la etiqueta guitarras. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta guitarras. Mostrar todas las entradas

sábado, 4 de mayo de 2019

IV LUNADA en la Feria de la Cruz con el Trío NUEVO SOL

Por: Oscar Fajardo Gil, 
Cronista de la Ciudad de Amatitlán

Cimentando el rescate de identidad propia y de elementos culturales que distinguen a los amatitlanecos, se llevó a cabo la CUARTA LUNADA de la Feria de la Cruz, desde el año 2016.


"REMEMBRANZA BAJO LA LUNA" fue una amena convivencia para recordar las reuniones que en las noches de luna hacían nuestros abuelos en la playa de nuestro lago de Amatitlán, compartiendo plática, anécdotas, bromas, canciones, brindis, recuerdos y romances, allá por las décadas de 1930 a 1960.


Fue grato contara con la presencia de las soberanas de la Feria, encabezadas por la Srita. Flor de Mayo, Rebeca Wohlers Sánchez. Así como la Sra. Mara Marroquín Flores, alcaldesa municipal, y varios integrantes del Concejo Municipal 2016-2020. Además de alrededor de 300 personas más como parte de un público que disfrutó la actividad de principio a fín.


Temas que nunca pasan de moda fueron aplaudidos y cantados por la concurrencia, alrededor de 300 personas de todas las edades.


Amorcito corazón, Gema, Como un duende, Una copa más, Amor eterno, La media vuelta, A mi manera, Espérame en el cielo, Como te extraño, Moliendo café, Jacarandosa, Hay que bonita es esta vida, Diecisiete años, Un vals para mi madre (de Santiago Pivaral Caravantes), Linda Morena, Luna de Xelajú, y muchas más, fueron las canciones que desfilaron la segunda noche del mes de mayo 2019 junto a la fogata de leña, permitiendo que los más nobles sentimientos volaran en alas del recuerdo hasta llegar al séptimo cielo y a la eternidad.


Hubo también tiempo para la poesía. El Cronista de la Ciudad de Amatitlán, invitado para presentar la Lunada junto a Susan Benítez, aprovechó para dar lectura a un poema de Mario Benedetti y también a uno del poeta amatitlaneco Adelfo Gómez Menéndez titulado "Concierto en el cielo" dedicado a algunos músicos pepiteros que han sido llamados al plano celestial.


Entre canción y canción se consumieron los últimos minutos del jueves y la medianoche sorprendió a un numeroso grupo de bohemios, hombres y mujeres, cantando a la orilla del lago de Amatitlán, como fue hace muchos años. como ha sido en el último cuatrienio, y ojalá que así sea por muchos años más.

domingo, 25 de noviembre de 2018

LA LUNADA se RENUEVA, gracias a la Casa de la Cultura "Domingo Estrada"


Por: Oscar Fajardo Gil[1]

Por principio de cuentas, para nuestros abuelos, una lunada era una reunión de amigos y conocidos en las noches de luna llena a la orilla del lago de Amatitlán. En las lunadas, se compartían gratos momentos alrededor de una fogata. Las charlas sobre asuntos de interés común, algunas leyendas sobre seres fantásticos, narraciones a cuales mejores, inspirados versos, chistes, chascarrillos, y por qué no decirlo uno que otro chisme, se fueron complementando con canciones acompañadas de música de guitarras para darle rienda suelta al romance y la conquista.


Para no ir tan lejos en el tiempo, entre las décadas de 1940 a 1960, cuando no había prácticamente ninguna de las formas actuales de recreación o entretenimiento, se convivía más con las demás personas y con la naturaleza. No habían, o era muy pocas, radioemisoras o canales de televisión; casi nadie tenía viejos y vetustos teléfonos de disco permanentemente unidos a las correspondientes líneas físicas, amén que no había opción a aparatos electrónicos. Entonces la comunicación tenía que ser más directa y personal.



Podríamos aferrarnos a la nostalgia, y decir que para que se conserve el concepto original debe cumplirse con ciertas normas, pero es que en realidad no hay ningún protocolo oficial. La organización corría por cuenta de la oportunidad, la creatividad y hasta cierto punto la improvisación, con la confianza que debe prevalecer entre amigos. De igual manera, si bien es cierto antes las lunadas se condimentaban con boleros y otros ritmos de antaño, tenemos que reconocer que aunque la luna y el lago siguen siendo los mismos, los jóvenes de ahora tienen su propia música y sus propios ritmos, han evolucionado.



El viernes 23 de noviembre 2018, organizada por la Casa de la Cultura “Domingo Estrada”, se celebró una interesante LUNADA en el extremo norte de la playa principal del lago, cerca del Centro Náutico de la Federación Nacional de Remo y Canotaje.

Luego de encenderse la fogata a un costado del área destinada para las presentaciones artísticas, José María Zamora García, como presentador de la lunada, dio la bienvenida a los concurrentes al filo de las siete de la noche. En nombre de la Casa de la Cultura, Alma Azucena Molina de Rodríguez – presidenta, se refirió a como surgió la iniciativa de organizar la lunada, agradeciendo la colaboración que se recibió de la Municipalidad, así como de personas particulares.

El Cronista de la Ciudad de Amatitlán, Óscar Fajardo Gil, fue invitado para que abordara los aspectos históricos y conceptuales de las lunadas amatitlanecas, según el programa en tres segmentos diferentes, para lo cual empleó una metodología participativa.

Después de lo anterior, fueron desfilando cantantes y músicos de acuerdo al orden en que se inscribieron, coordinación que estuvo a cargo de la estimada licenciada Sonia Ucelo Lezana.

La dama de la noche, LA LUNA, apareció intensa y esplendorosa desde el otro lado del cerro El Filón, conforme fue recibiendo la serenata que en su homenaje ofrecieron: Linicio Díaz, Javier González, Israel Gil, Dúo Estuardo Donis y Rodrigo García, Homero Díaz, Dúo Esteban y Alejandra, Anthony Pirir, Luna Negra, Grupo Nueva Generación, Julio Menéndez, Soledad Leiva, Mecho y Anita Tecún, finalmente Nancy González.

Casi dos centenares de personas disfrutaron entonces una interesante variedad de temas, entre los de antes y los de ahora, en donde prevaleció la participación de jóvenes talentosos y emprendedores, quienes le fueron dando como una nueva versión a la lunada. Si, hubo boleros unos cuantos, pero también hubo trova, balada, ritmos sudamericanos y caribeños y hasta algo de reggaetón. Fue algo mágico, como si ante nuestros ojos y oídos se materializara la metamorfosis de la lunada tradicional para convertirse en una nueva, como si surgiera entonces la lunada del nuevo siglo, la de los jóvenes de ahora que llegarán a ser los padres y abuelos de mañana.

Que bueno que llegó la familia Villalta Lemus, encabezada por Carlos Ernesto y su hermana Yoli, para proveer de deliciosas viandas: café, ponche de frutas, empanadas, panes con pollo y otros bocadillos chapines, a precios accesibles al bolsillo de todos. Otros líquidos espirituosos e inspiradores, blancos, amarillos y de otros colores, fueron apareciendo por cuenta de cada quien según libre albedrío.

Definitivamente, compartimos una experiencia fuera de serie, muy amena y por demás grata. Aún después de concluido el programa oficial de la CCDEA, hubo un grupo que dispuso pasar la frontera de las horas y llevar la lunada hasta el último sábado de noviembre, de una manera más grupal y menos formal, quizá coqueteando con la irreverencia, entre risas y sonrisas coloquiales y con canciones más populares pegados al rincón individual en donde cada quien las disfruta con particular pasión.

Muchas gracias y felicitaciones a los organizadores. Vayan pensando ya en la siguiente. (OFG)




[1] Cronista de la Ciudad de Amatitlán

jueves, 29 de marzo de 2018

OLIMPIA CARBALLO "Una bala nacida entre guitarras"


Por: Óscar Fajardo Gil[1] 
A mediados de la década de 1950, se realizaban concursos de canto en la pérgola del parque central de Amatitlán, que por ese entonces aún conservaba el nombre de "Justo Rufino Barrios" y se apreciaba la antañona ceiba en la esquina de la 2ª avenida y 6ª calle frente al mercado municipal.


Entre los concursantes había tres jóvenes damas que destacaban en su búsqueda del primer lugar: María del Tránsito Barrios Morales era la mayor de las tres y tenía ya alguna experiencia artística, la menor era Rosita Cuevas quien cantaba canciones de Sarita Montiel - especialmente "La Violetera"-, y Olimpia Carballo de tan solo trece años de edad, quien vivía por el puente de La Gloria en el Barrio La Cruz.

Uno de aquellos concursos lo ganó María del Tránsito, a quien le dieron un plato grabado, pero también Olimpia fue premiada con un abrigo, por su interpretación de "La Bala Perdida" acompañándose ella misma con una guitarra.

"Yo nací entre guitarras" expresó María Olimpia Carballo, en la entrevista que tuve el gusto de efectuar el miércoles 28 de marzo 2018 por gestión del Arq. Erick Ronaldo Suárez Reynoso, refiriéndose a la vocación musical de su familia. A los siete años aprendió a tocar el versátil instrumento de las cuerdas.


Nació en el mes de enero entre los años de 1943 y 1945. Fue una patoja sencilla y humilde del barrio de las tradiciones de feria en Amatitlán, en donde compartió juegos con la mayoría de vecinos varones: También aprendió a nadar en el río Michatoya.

"…  yo la recuerdo con mucho aprecio, pues en realidad cantaba muy bonito, pero no era mi estilo, ella se ganó el cariño en ese entonces del público de los beneficios de café. A mí no me permitía mi hermana Lota ni acercarme a esos lugares. Me alegro que la haya entrevistado”, comentó doña Rosita Cuevas.[2]

El destino de Olimpia fue ser cantante. Lo hacía en Amatitlán, acompañando duetos, tríos y grupos de cuerdas, entre los que recuerda a "Los Tuchos" trío formado por Augusto Méndez, Augusto Carballo (su hermano) en el requinto y "Pan Blanco" (de quien no recordó el nombre). También cantó alguna vez con la marimba Notas Sonoras de los Hnos. Saravia (Los Mapaches).

Con el paso del tiempo se fue de Amatitlán en busca de mejores horizontes. Se estableció en Escuintla, en donde continuó dedicándose a la música. Siempre alegre, bromista y ocurrente, con su buena dosis de picardía pepitera y un vocabulario florido como la primavera. 

En la "Ciudad de las Palmeras" ha pasado los años cantando acompañada de grupos de cuerdas y algunos mariachis. Su repertorio incluye boleros y música ranchera, a ella le gustan los temas de tríos como "Amorcito Corazón", "Bésame mucho", "Usted", "Rayito de Luna", "Gema", algunos de Juan Gabriel como "Así fue", "Amor Eterno" y otros por el estilo. Desde luego “Noches de Escuintla”, “Amatitlán Soñado” y más canciones del pentagrama chapín. Aunque la mayoría de la clientela actual le solicita canciones de Paquita La del Barrio: "Rata de dos patas", "Pobre pistolita", "Tres veces te engañé", "Me saludas a la tuya", y otras.

De mesa en mesa, por cevicherías, restaurantes y otros negocios, va ofreciendo sus canciones a cambio de algunos quetzales. Su propina, algunas veces, llega en forma de sonrisas, aplausos y quizá hasta palabras de elogio y algún abrazo. Algunos la reconocen, otros ni de su nombre se acuerdan.


Su vida ronda los 75 años mientras su trayectoria artística trasciende las seis décadas. A su manera, también ha representado a Amatitlán. Le pregunté: ¿hasta cuándo va a seguir cantando? Sonrió, le brillaron los ojos y con voz firme contestó: "Hasta que Dios quiera".

OFG / 20180328   



[1] Cronista de la Ciudad de Amatitlán, Acuerdo Municipal 33-21-08-2014
[2] Chat Facebook. 28 marzo 2018